El coach como copiloto

La visión que tengo del coaching siempre va asociada a algún tipo de vehículo que va haci algún sitio.

Ya he traído aquí la comparación con un carruaje, en concreto el Koazs que da nombre a la disciplina. Hoy os sugiero la comparación con un avión:

El Coach Como Copiloto

 


Tu vida es como un avión. Es un sistema complejo de partes. Tiene un despegue (nacimiento) y un aterrizaje (muerte).

 

Tu avión puede estar marcado con un rumbo predeterminado desde el comienzo (destino) o puedes despegar sin rumbo y elegir uno en el camino.

 

Durante este viaje te esperan varias escalas antes de arribar a tu destino final. Existen 3 formas de cómo un piloto puede encarar semejante viaje. Y ese piloto eres tú.

 

 

 

1) Piloto automático

 

Cuando recurrimos al piloto automático lo hacemos para desprendernos de una o varias responsabilidades. Dejamos de buscar soluciones proactivas y nos convertimos en un simple resultado de las circunstancias. Abandonamos nuestra cabina de control y nos acomodamos en uno de los asientos de pasajeros. Observamos el paisaje sin ser parte del mismo. No contribuimos, simplemente observamos. La propia definición de este sistema de guía hace alusión a la total disociación entre piloto y vuelo, salvo en los casos de despegue y aterrizaje. Dejamos así que el piloto automático nos guíe el camino sin ningún esfuerzo de nuestra parte.

 

 

 

2) Control manual individual

 

Aquí nos enfrentamos SOLOS a la dura consigna de mantener un avión a flote sin ayuda de terceros ni de un sistema de piloto automático. Aquí nos colocamos el peso de nuestras vidas a los hombros. Pero suele ocurrir que en ocasiones ese peso sea demasiado grande. Los desafíos se multiplican, el tiempo para resolverlos se acorta y las soluciones no fluyen como deberían. Hay muchas cosas que dependen de nosotros, y no podemos enfrentarlas todas con el mismo grado de atención.

 

 

 

3) Contar con la asistencia de un copiloto

 

El copiloto existe básicamente para mantenernos a flote en la dura tarea de pilotear un avión por nuestra cuenta. Sirve como apoyo y guía, y nos ayuda a mantenernos enfocados en el destino. Esto, entre otras cosas, es precisamente el trabajo de un coach personal.

 

 

 

No es un amigo, no es un terapeuta, no es un psicólogo. La relación terapeuta-paciente generalmente no es simétrica. Siempre es el terapeuta o el psicólogo el catalogado como EXPERTO. Este tipo de terapias elevan al terapeuta y/o psicólogo por encima del paciente, haciéndole creer a éste que es el psicólogo o terapeuta quien tiene la solución a sus problemas.

 

 

 

Por el contrario, con el COACHING partimos de la base que ES EL CLIENTE EL VERDADERO EXPERTO EN SU VIDA. Tú, como piloto, ya sabes a dónde quieres llegar, ya sabes hacia dónde quieres dirigir tu avión. El coach no está para impartir conocimiento. No está para imponer una ruta de vuelo. No es un GPS. Así como el copiloto no ofrece consejos al piloto, el coach no ofrece consejos a sus clientes. Ambos, coach y copiloto, conforman el vehículo por el que le facilitan el trabajo al piloto y al cliente.

 

 

 

Existen circunstancias en las que no está mal poner el piloto automático. De vez en cuando lo necesitamos. Pero es cuando nos excedemos en la práctica de abandonar nuestra cabina de control, que más precisamos a nuestro copiloto, porque más nos cuesta volver a retomar el control o simplemente ya no recordamos cómo hacerlo.

 

 

 

Pueden ocurrir varias turbulencias en el camino pero nada que entre ambos pilotos no se pueda solucionar.

 

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