El resentimiento te limita ¡Supéralo!

Todos hemos pensado algunas vez que alguien nos la ha jugado, nos ha mentido, o utilizado. Y pensamos que el tiempo todo lo cura y que es una cuestión del pasado. Pero sin saber porqué hay veces que vuelve el pellizco en el estómago y la boca seca… Es el resentimiento.

¡Algo de dónde viene hasta el lado oscuro de la Fuerza!

 

El resentimiento te limita ¡Supéralo!.

El resentimiento es un estado de ánimo de quien interpreta que ha sido víctima de una acción injusta, normalmente relacionada con el incumplimiento de una promesa o algo que considera que se merece y no ha sido satisfecho. En esta situación, alguien aparece como culpable de la injusticia, y la víctima no puede expresar públicamente su ira o decir de forma productiva lo que pasa.

El resentimiento es como un anzuelo: uno lo muerde y queda atrapado en la amargura. Obstaculiza las relaciones y sume a la persona en una espiral de odio. El resentimiento le pone en posición de debilidad y dependencia respecto de quien le ha agraviado, le otorga el poder de su felicidad, ya que piensa que por su culpa se siente así. Además, cualquier otra emoción que tuviera previamente hacia el otro queda anulada y este pierde valor ante sus ojos. Es habitual no sentirse responsable de lo ocurrido y, por ello, no afrontarlo. ¿Cómo trabajar la persona resentida esta emoción de manera productiva?

Los pasos son:
– Reconocer que puede tener parte de responsabilidad, aunque sea mínima. No es  sencillo, pues solemos articular los hechos a nuestra conveniencia para construir la historia que nos conviene contarnos y contar.
-Expresar cómo nos sentimos de manera efectiva, sin culpar, desde cómo nos relacionamos con el hecho en cuestión.
– Pensar en términos de posibilidad. En lugar de pensar: “No me va a servir de nada”, “El que debería hablar conmigo es el otro”, etc., el pensamiento debe ser: “Voy a hablar con él para aclarar el asunto”.
– Pedir aquello que necesita o le gustaría conseguir.
– Ser humilde para aceptar el perdón por parte del otro, o pedir perdón, en caso de que en parte le haya agraviado, aun sin ser consciente de ello.
– Dar por finalizada la relación si no se ha podido restaurar. Eso supone aceptar lo que ocurrió y dejarlo cerrado en el pasado.

El resentimiento nos ancla en el pasado, la aceptación nos sitúa en el presente y nos ayuda a construir el futuro.

Artículo de Maite Gómez Checa, Coach Ejecutivo Senior por la Metodología CORAOPS®, acreditada Senior por ICF y AECOP, y socia de ICE Coaching.

 

 

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