Yo me veo,…tú me ves,…ellos me ven.

Yo me veo,…tú me ves,…ellos me ven..

Visto en: AHORA + RR.HH.

 

Sun Tzu decía que todos tenemos tres yoes: el yo que somos, el yo que los demás ven en nosotros y el yo que creemos ser. Esta tríada nos ofrecería tres formas de vernos: cómo me veo a mi mismo, cómo me ven los que me conocen y cómo me ven aquellos que no me conocen.

Por lo general, llegar a alinear las tres visiones requiere a modo individual un profundo análisis y contar con elementos de feedback, bien por parte de personas con quienes convivimos (cómo me ven los que me conocen) como de personas con quienes tenemos menos relación (cómo me ven los que no me conocen), y en donde aporta un importante valor añadido contar con alguna herramienta profesional de valoración de personalidad, puntualizando en hallar herramientas de evaluación de la Personalidad Laboral desarrolladas a tal fin (como puede ser el OPI de IBM-KENEXA) sobre herramientas desarrolladas para otros fines y adaptadas para la evaluación personal (cómo me veo yo)

Del alineamiento o no de estas tres visiones va a depender que enviemos mensajes coherentes o no. Es decir, si mi visión de mi mismo es una, pero no coincide con la que tienen los demás de mi, es muy probable que siga insistiendo en desarrollar comportamientos que envían mensajes que no son los que quiero que lleguen.

Un ejemplo “Las personas que están muy ocupadas no tienen tiempo para devolver las llamadas que no son importantes o urgentes”

Todos hemos visto películas, y este es un sistema para crear y desarrollar creencias entre otros, en las que los altos ejecutivos van y vienen de un lado para otro, con una agenda cargadísima de reuniones y llamadas y por el pasillo van dictando a su secretaria notas de excusa para no cumplir lo que habían agendado.

En esta situación, es bastante probable que la persona se perciba a si misma como “altamente ocupada por desempeñar un puesto y cargo importante” siendo esta su propia visión.

Para su secretaria, es posible que la imagen que esté transmitiendo sea la de una persona un poco desorganizada, que no sabe priorizar entre lo importante y lo urgente y que además le carga a ella con todos sus “marrones” por no saber gestionar su agenda.

Y para la persona a quien se cancela la reunión o la llamada o no se atiende, la imagen al no conocer la vida de esta persona es que no le presta atención, o que no es lo suficientemente importante para él/ella el negocio o simplemente que no es capaz de gestionar su agenda y es un desorganizado.

Si esto internamente en las empresas transmite una pésima imagen de nosotros mismos, podéis imaginaos la imagen que transmite cuando este patrón de comportamiento se replica de puertas hacia afuera.

No sólo es la imagen personal la que se pone en juego, si no la imagen de la empresa también, y de todos es conocido que se produce un proceso de identificación entre persona-empresa. Si alguien nos ha tratado mal, no se habla de una persona, si no de la empresa, se hacen extensivas las cualidades de la persona a la empresa que representa.

Y del mismo modo, si nos hemos sentido bien tratados, también proyectaremos esa imagen a la empresa.

Todo ellos es fundamental hoy día en que vivimos en un mundo en donde la imagen está en boca y en manos de todos. Internet y las redes sociales han puesto en valor no la imagen de la empresa, si no el poder real de los consumidores, clientes, proveedores y empleados de las empresas.

Y si pensamos en los puestos de atención comercial, o puestos comerciales de trato directo con el cliente, el tema cobra muchísima más importancia. Construir la imagen delante de un cliente cuesta mucho dinero, tiempo y trabajo. Demasiado como para que comportamientos no acordes a la política e imagen de la empresa los eche por tierra.

Antes la mayor parte de las quejas se quedaban en el café, con los amigos de turno, o como mucho en el buzón de sugerencias. Hoy en día las quejas saltan a los medios de manera casi inmediata y no desaparecen. Sólo hay un quitamanchas eficaz, aprender a gestionar las crisis de marca e imagen de empresa, y eso no consiste en amenazar a los empleados, clientes o proveedores con demandas, despidos y similares si no dejan de criticar a la empresa.

Un elemento de un alto valor añadido para coordinar estas visiones es el desarrollo de una evaluación de 360º pero en la que incluyamos la visión de nuestros clientes y proveedores, que también son referentes de nuestra empresa.

Disponer de este tipo de herramientas nos puede proporcionar una idea nítida de dónde nos estamos desviando, de dónde nuestra visión no coincide con la de nuestros empleados, clientes y proveedores. De hasta qué punto estamos siendo discordantes con ello, y hemos de darnos cuenta de que, tanto a nivel personal como a nivel empresarial, los mensajes discordantes despiertan recelo y bajo nivel de confianza, tanto consciente como inconsciente, en el interlocutor con el que hablamos.

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